Mi enfoque: cuando cuerpo, mente y emoción vuelven a dialogar.

A lo largo de los últimos años me he formado en múltiples disciplinas y modelos terapéuticos. Sin embargo, mi aprendizaje más profundo no proviene solo de los estudios, sino de mi propio camino personal y de la experiencia vivida en el cuerpo.

Cada herramienta, modelo o enfoque que utilizo en consulta ha sido previamente transitado por mí. No acompaño únicamente desde la teoría, sino desde la vivencia real, encarnada. Porque hay procesos que solo pueden comprenderse cuando se sienten.

Creo firmemente que no podemos hablar de salud si antes no atendemos al estado del sistema nervioso.


Cuando el sistema nervioso se desregula y vives constantemente en “modo alerta”, el cuerpo y la mente comienzan a expresarlo en forma de síntomas. A veces el origen es físico y repercute en lo emocional; otras, es el impacto emocional el que acaba manifestándose en el cuerpo. En realidad, casi nunca van por separado.

Por eso, cada proceso terapéutico es único. No existen recetas universales, sino acompañamientos personalizados, respetuosos con la historia, el ritmo y las necesidades de cada persona.

Esta visión no es solo una convicción personal, sino que está respaldada por los enfoques terapéuticos que he estudiado y por la evidencia científica actual.

El problema actual: tratar síntomas sin mirar la raíz.

Vivimos en un modelo que sigue separando mente y cuerpo. Se atienden síntomas aislados, se medicalizan respuestas del organismo, pero rara vez se profundiza en el origen real del malestar.

¿El resultado? En muchos casos, síntomas que se cronifican, diagnósticos que se convierten en etiquetas permanentes y una sensación de “algo no termina de encajar”.

La relación entre mente y cuerpo: un diálogo constante

La mente influye en el cuerpo

  • Estrés y salud física: niveles elevados y sostenidos de estrés aumentan el cortisol, debilitando el sistema inmunológico, digestivo y cardiovascular.

  • Actitud mental: una mente acompañada y regulada favorece la recuperación y el bienestar global.

  • Depresión y dolor: los estados depresivos pueden intensificar el dolor físico y generar fatiga crónica.

El cuerpo influye en la mente

  • Movimiento: el ejercicio libera endorfinas, regulando el estado de ánimo y reduciendo el estrés.

  • Alimentación: una dieta inflamatoria o deficitaria impacta directamente en la concentración, la estabilidad emocional y la claridad mental.

  • Alteraciones físicas: condiciones como el hipotiroidismo pueden manifestarse con síntomas similares a la depresión o la ansiedad.

    “Si sientes que la raíz de tu malestar aún no ha sido escuchada, éste puede ser el comienzo de un nuevo camino hacia tú bienestar.”

Modelos terapéuticos que integro en consulta

Mi abordaje es integrativo y profundo, apoyado en distintas corrientes especializadas que dialogan entre sí:

  • Especialización en Apego, Trauma y Disociación.

  • Psicoterapias compasivas desde IFS (Sistema de Familia Interna) y PARCUVE.

  • Trabajo con la Niña Interior y AEDP (Psicoterapia Dinámica Experiencial Acelerada).

  • Terapia Sistémica, Trauma Transgeneracional y trabajo con el Árbol Genealógico.

  • Psicoterapia psicocorporal basada en Somatic Experiencing.

  • Psicoterapia proyectiva con Playmobils y Cartas Terapéuticas.

Acompañamiento fisiológico: el cuerpo también necesita ser escuchado.

De forma paralela al proceso terapéutico, abordamos las posibles alteraciones físicas o síntomas presentes, entendiendo el cuerpo como un aliado y no como un enemigo.

Como parte de mi método, te acompañaré con:

  • Planes de alimentación personalizados, adaptados a tu momento vital.

  • Suplementación específica, según tus necesidades reales.

  • Análisis y valoración de estudios complementarios (analíticas, PCR, test funcionales, etc.), cuando el proceso lo requiera.

Modificando tan solo un 1% el rumbo de tus patrones inconscientes, podrás observar cambios internos desde la primera sesión.

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